202005.15
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Recomendaciones para una hoja de ruta enfocada en la economía

Esta exposición, sujeta a debate,  pretende generar una definición amplia del problema de la crisis ocasionada por la pandemia, y ofrecer una hoja de ruta para tratar de resolverla y así aliviar la incertidumbre. Guatemala  todavía no ha encontrado una ruta clara y consensuada para tratar esta crisis, lo que es razonable, ante la dificultad de definir claramente los límites del problema, y también la tendencia a concentrar los esfuerzos en el área sanitaria considerada prioritaria por el momento.  La incertidumbre confunde y desespera a la población y erosiona gravemente nuestra democracia e instituciones.

Debemos definir qué amenaza representa para las diferentes sociedades mundiales la Pandemia del Covid 19. Todavía los médicos no se han puesto de acuerdo sobre la naturaleza del virus, sus mutaciones, combinación con otros microorganismos, cómo se extendió agresivamente, sus remedios,  orígenes y condiciones de contagio, ya sean accidentales, culpables o dolosas.

Las vacunas y/o medicinas apropiadas para un tratamiento efectivo, están pendientes de ser definidas y su horizonte de tiempo parece ser de 6 meses a 2 años.  La otra estrategia, riesgosa, es buscar intencionalmente (ante la dificultad de erradicar en corto plazo la amenaza de la pandemia), la inmunidad voluntaria e intencional de grupo o como se llama comúnmente de manada.    

Las características de la enfermedad, por el momento, parecen ser imposibles de detener radicalmente, esperándose que la misma genere nuevos brotes.  La máxima aspiración es tratar de mantenerla controlada, gracias a una especial vigilancia (pruebas médicas) y medidas sanitarias.

En consecuencia, el sentido común nos dicta, que únicamente podemos tratar de administrar sus nefastas consecuencias, buscando que la misma cause el menor daño posible, humano, social y económico.  Señalo especialmente el área económica, pues en nuestro caso, el daño a la economía nacional, por nuestra estructura social, puede ser más desastroso que la pandemia en sí misma.  

Las consecuencias mundiales que se prevé por expertos, han sido las de provocar una caída estructural de la economía mundial (depresión), el declopamiento de las cadenas logísticas de suministro, la ralentización del proceso de globalización y la amenaza de provocar graves y múltiples crisis financieras a nivel global.  Aún más, el camino de colaboración mundial, parece haberse sustituido paulatinamente por un proceso de confrontación progresiva, similar a la que existía en la época de la Guerra Fría.

Nuestra economía guatemalteca, se cataloga como una economía abierta, lo que significa que gran parte de su riqueza y dinamismo procede del comercio exterior y de las remesas producto de la migración de sus habitantes.  Por tal razón, nuestro afán de controlar los efectos locales, estará determinado principalmente por los inexorables sucesos internacionales, y el tiempo de recuperación económica, dependerá en buena parte del acoplamiento productivo y logístico de los mercados internacionales.

Planteado así el problema, su solución es mucho más compleja que la que proporciona el ángulo estrictamente sanitario de calamidad pública.  Y obliga a buscar un poderoso liderazgo, mentes claras  y unidad nacional.  Obliga a que los mejores guatemaltecos, cierren filas en los programas eminentemente técnicos, económicos y financieros.

Aparece clara como única, la alternativa de solución compartida, consistente en buscar un balance pragmático entre lo sanitario y lo económico.  

Gracias a Dios, la pandemia no ha destruido el aparato productivo, las industrias, la tierra, los materiales, la mano de obra, el sistema bancario, está intacto, únicamente se ha afectado la actividad de los servicios, que debemos retomar a la brevedad posible.

La regla de buen cubero de la experiencia mundial, dicta que el cierre de la actividad económica, no debe ser mayor a 2 meses, luego de ese plazo el reinicio de las actividades económicas se hace harto difícil.  

La apertura económica, es una materia técnica, no política, por lo que debe dirigirse por los mejores expertos del país independientemente de su color partidario, ideología o prejuicios.  Está sujeto no a una sino a diferentes estrategias ad hoc para cada rama de la economía y debe adaptarse a las condiciones geográficas, sociales y culturales de nuestro pueblo.  

Debemos comprender, antes de adelantarnos en soluciones específicas, ciertos condicionamientos propiamente económicos de nuestra realidad.  

Las premisas que el autor considera necesarias de considerar para el diseño de la hoja de ruta consisten en: 1.  Que principalmente, la generación de riqueza se produce en el sector privado.  Son los empresarios quienes generan fundamentalmente el crecimiento económico y la riqueza. 2.  El sector público contribuye en orientar las políticas para lograr ese objetivo y buscar luego el bien común.  El gobierno, es apenas una décima parte de la economía total de Guatemala, desde esa perspectiva es imposible que por sí mismo pueda resolver el problema nacional.  Debe ser únicamente el director de orquesta siendo su objetivo la colaboración plena de los sectores nacionales especialmente del sector productivo.  3.  El empleo se convierte en el objetivo social más importante.  No es a través de la caridad solidaria que se resuelve el problema, aunque es importante su ejercicio, sino a través de la generación empleo productivo, siendo este objetivo prioritario conjuntamente con el estímulo a la inversión privada.   4.  Es la inversión privada, publica, nacional y/o extranjera las única fuente de generación de empleo productivo.  La actividad gubernamental debe orientarse a facilitar la inversión.

El Gobierno y sus dependencias, se dedican fundamentalmente a la ejecución del gasto público y en una pequeña proporción, insignificante para la magnitud de nuestra economía, a la inversión pública.  Su principal función económica en tiempos de crisis, debe consistir en ahorrar todos los recursos disponibles y así disminuir el gasto público innecesario, eliminar la corrupción y liberar las fuerzas productivas del país restringiendo la burocracia disfuncional.  Es prioritario que utilizándose las facultades que otorga la ley vigente para el caso de emergencias de Orden Público, se elimine la burocracia disfuncional que impide la reactivación económica.

Gracias a la fortaleza macroeconómica nacional, su principal resorte operativo debiera estar más del lado del endeudamiento que de la recaudación impositiva.  Debe hacerse esfuerzos considerables para disminuir el gasto público y lograr un reordenamiento del Presupuesto de la Nación a temas esenciales.  Entre los temas básicos se encuentran: la educación, la salud, la protección al medio ambiente, la seguridad y la justicia y la creación de infraestructura orientada a incrementar la productividad del sector privado.  Todo lo demás es superfluo.  

Las medidas de emergencia, tienen el carácter de temporal, sujeta su duración en proporción al tiempo que dure la crisis y su consecuencia.  Durante este período especial, debe liberarse la economía, en consonancia con el modelo económico contemplado en nuestra Constitución, deben liberarse las fuerzas productivas del país, eliminando cualquier tipo de restricciones a las actividades productivas, haciéndolas más competitivas y atractivas a la inversión.  Debo reconocer que el sector privado guatemalteco, ha sido desarrollado en adversidad, en perennes crisis, por ello es altamente capaz de producir soluciones admirables y lo considero uno de los más eficientes del área centroamericana y del caribe. 

En el corto plazo, los efectos de la pandemia han sido fundamentalmente dos, uno del lado de la oferta y el otro de la demanda.  Del lado de la oferta, el efecto real de la paralización económica fue la pérdida del capital de trabajo de las unidades productivas especialmente de la micro, pequeña y mediana empresa, y del lado de la demanda, el incremento del desempleo y sub empleo.

De esa suerte, el remedio inmediato, debe orientarse a resolver estos dos problemas principalmente, que en esencia son financieros.  

Del lado de la oferta, se debe ofrecer estímulos fiscales, financieros, crediticios y cambiarios, esenciales para provocar un financiamiento de por lo menos 3 meses de capital de trabajo, especialmente de la micro, pequeña y mediana empresa y de las actividades de servicios. Adicionalmente a la negociación privada entre las partes interesadas, encontramos adicionalmente por ejemplo, la creación de los CERTIFICADOS DE ABONO TRIBUTARIO 

que permitan documentar la devolución del IVA y los créditos fiscales en títulos valores, a fin de descontarlos en el sistema bancario; el estímulo fiscal impositivo para la generación de nuevos empleos formales (inscritos en el IGSS), la promoción de exportaciones con la aplicación de un criterio favorable cambiario dentro de la banda estabilizadora que usan las autoridades monetarias, la reducción del impuesto sobre la renta a una tasa fija, digamos del 10%, la eliminación del ISO, etcétera.

Del lado de la demanda el objetivo central es la generación de empleo.  Como medida temporal, se sugiere la liberación del mercado de trabajo, de tal suerte que durante el tiempo de crisis, se elimine la obligación del salario mínimo y se suspenda la actividad sindical pública y privada.  Se calcula que estas medidas darán la posibilidad al ejército de desempleados y sub empleados, a lograr un 20% más de puestos formales de trabajo.  La aplicación del trabajo por tiempo compartido y el salario diferenciado por áreas geográficas producirán iguales resultados positivos, generando nuevas oportunidades y medios de subsistencia en las áreas rurales principalmente.

Las áreas críticas a proteger en el corto plazo, es la seguridad alimentaria, el estímulo del comercio centroamericano y la exportación principalmente a los mercados del Hemisferio Norte.  Para lograr el objetivo de la seguridad alimentaria debe garantizarse plenamente el derecho de propiedad, ahora vulnerado por una conspiración de grupos radicales.

No escapan del presente escrito, la dificultad política y social que implican estas medidas, de ahí el efectivo liderazgo y la colaboración de los diferentes sectores sociales, académicos y gubernamentales.

Otra lección importante de macroeconomía, para estimular agresivo crecimiento económico, es que, el crecimiento económico está íntimamente vinculado al ahorro, al incremento de la productividad y a la inversión, ya sea pública, privada, nacional y/o extranjera.  Proyectos de ley que estimulen la inversión en áreas como silvicultura, turismo, agroindustria, exploración y explotación de recursos naturales, generación e interconexión eléctrica, infraestructura orientada al incremento de la productividad y exportación, acuacultura, y desarrollo de tecnologías modernas de comunicaciones, robótica, cibernética, bio-tecnología, etcétera, se convierten en esenciales.  Pudiendo hacerlo por medio de clústers en Zonas Económicas Especiales para aprovechar la migración de las empresas establecidas en Asia, principalmente China, que abastecen a los mercados del continente Americano.  

De acelerarse esta política económica, basada en el desarrollo de áreas consideradas de poseer ventajas competitivas naturales del país, puede rápidamente recuperarse el crecimiento económico y más aún, estimularlo a doble dígito de crecimiento, para aprovechar así nuestra ventajas naturales y demográficas.

Todo lo anterior, necesita de un esfuerzo nacional como nunca antes lo hemos visto.  Hacer manifiesta la natural nobleza y solidaridad del pueblo 

guatemalteco.  Heredemos a nuestros hijos y nietos, la experiencia de la unión patriótica.  Demos el ejemplo de diálogo técnico, político y social de altura.  Busquemos juntos la paz social y la plena vigencia del Estado de Derecho.

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