202005.01
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Rivalidad por la hegemonia mundial

Para comprender adecuadamente los actuales sucesos internacionales y sus impactos sobre Guatemala, se debe analizar desde una amplia perspectiva, qué está sucediendo entre las grandes potencias que compiten por el liderazgo mundial, así como la división entre Oriente y Occidente, cuyas historia y cultura tienen características distintas. 

En Oriente, recientemente capitaneado por la República Popular China, RPC, prevalece un gobierno autocrático, de praxis política comunista, con base filosófica budista y confusionista, en la que el individuo sólo es parte del engranaje social.  Durante milenios, desarrolló una geopolítica propia centrada en su seguridad y prosperidad, con epicentro de poder en China, que era introvertida, conservadora, autosuficiente y terrestre (no marítima), y donde los avances tecnológicos eran lentos, sin creer en las culturas y tecnologías extranjeras.

Dichas características causaron un retraso relativo de su desarrollo,   comparado con los avances que el Renacimiento y la Ilustración prodigaron, junto con el progreso  científico y tecnológico, especialmente marítimo, que desarrolló Occidente. Esto produjo la supremacía mundial de Occidente, con incidencias e influencias globales que se extendieron por el globo terráqueo principalmente por medio  del Colonialismo.

En el siglo XVII luego de cien años de guerras, las nacientes naciones europeas, producto de la desintegración del imperio Romano Germánico de Carlos V, forjaron la Paz de Westfalia, luego de negociaciones multilaterales entre los feudos de la época y sentaron las bases de una organización político social conocida hoy como Estado Nación.  Este concepto se globalizó e impuso, incluyendo a China, luego de la Segunda Guerra Mundial.  Se constituyó así el orden mundial contemporáneo, en el que los Derechos Humanos individuales son universales y el sistema de gobierno preferido es de la Democracia Liberal.

China se vio forzada, por la imposición del sistema Maoísta Marxista y la Pax Americana de la postguerra, a adoptar las reglas de Occidente.  A regañadientes, pues había sufrido grandes humillaciones por los poderes emergentes durante el siglo XIX y la mitad del siglo XX. 

Ahora,  fortalecida y rica por la aplicación pragmática del capitalismo de Estado, está promoviendo un nuevo orden mundial, a su imagen y semejanza, reviviendo su concepto primordial de imperio territorial autocrático, pero extendiendo sus ambiciones a Europa, el Medio Oriente y África.  China ha ido desarrollando poco a poco un Neo-Imperialismo Tecnológico, despótico, depredador y poco ilustrado, que se manifiesta imponiendo a sus ciudadanos férreas medidas draconianas y un control absoluto poblacional por medio de tecnologías de 5G que permiten la identificación, ubicación y determinación del perfil social de cada ciudadano, eliminando así la democracia, la privacidad y libertad individual.

Internacionalmente ha adoptado medidas que sientan las bases de un nuevo poder imperial cuyo centro de gravedad es Beijín, con el objetivo de mantener a todos sus vecinos como tributarios a su poder. Incluye el control político militar de sus alrededores y la integración de sus economías por medio de faraónicos proyectos de inversión e infraestructura. En dicho proyecto, se concede la tajada del león a China y se busca llegar, vía terrestre, hasta el Atlántico, por medio de carreteras y líneas de ferrocarril que faciliten el comercio de los productos chinos, todo aunado a infraestructura portuaria, de hidrocarburos y gas, y atado a los correspondientes financiamientos vinculantes y leoninos a los países que, representen ventajas estratégicas para China.  

La verdadera intención y características de la expresión de poder, se evidencian brutalmente en la extensión forzada de sus fronteras marítimas sobre lo que llaman el Mar de China, rico en recursos naturales. Paciente pero agresivamente va extendiendo su soberanía, en total desmedro de los intereses de sus vecinos, de los tratados internacionales sobre derecho marítimo y, amenazando la libertad de los mares necesarios a que florezca el comercio internacional. Para el efecto ha desarrollado fortalezas institucionales en su servicio exterior y músculo militar.  

Por supuesto, estas acciones y actitudes generan desconfianza, disminuyen la cooperación internacional de los vecinos y, especialmente inquietan a Estados Unidos, campeón de la cultura Occidental, encargado de defender junto con sus aliados, el orden mundial y la libertad del comercio especialmente marítimo.

Esta silenciosa confrontación ha venido desarrollándose durante más de una década.  La Historia Mundial ha vivido antes fenómenos similares en las que el poder hegemónico ha sido retado por un poder ascendente. También demuestra que estas confrontaciones son normales y que en el 70% de los casos la lucha por la hegemonía termina en guerra.

El teatro en que se desarrolla esta nueva confrontación por la hegemonía mundial, abarca a todo el mundo y especialmente afecta la Globalización, iniciada luego del colapso del imperio soviético.  Estos enfrentamientos son desarrollados en el espacio exterior, en las finanzas mundiales, en donde hayan recursos naturales estratégicos (fundamentalmente por petróleo en el Medio Oriente), en el control de los canales logísticos internacionales, por los avances tecnológicos y por supuesto, en el ámbito geopolítico y militar.  La lucha por los mercados y ventajas estratégicas ha afectado el proceso de globalización, retrayéndolo y obligando a las naciones a tomar medidas centradas en sus propios intereses y en algunos casos regionalmente.

China tiene un papel internacional ambivalente, manteniendo siempre la imagen, escondiendo sus verdaderas intenciones, ---que obedecen a un complejo histórico, su identidad cultural antigua---  negándose a colaborar y adaptarse a las actuales normas de derecho internacional y de orden mundial, lo que genera una disrupción silenciosa y progresiva del proceso de colaboración del orbe.

La actual pandemia del Coronavirus acelera la disrupción y exacerba las diferencias y las distancias entre los grandes poderes.  Así mismo, en el análisis de la problemática, potencia los defectos de la globalización y, esconde sus méritos. China, con sus recientes acciones, lejos de atemperarse, ha expresado ahora más claramente que desea modificar el actual orden mundial y solicita una posición privilegiada con mayor protagonismo y poder, liberándose de las actuales reglas de juego.  

Se aprovecha el momento, para que los enemigos de la libertad, inicien una campaña de ataque a las democracias liberales, centradas en el individuo. como valor fundamental de la sociedad; sostienen  un ataque frontal contra el capitalismo como sistema económico, exponiendo únicamente los defectos de su versión depredadora y deshumanizada, insensible frente a los problemas ambientales y de pobreza, exponiéndose así claramente, la fragilidad de los actuales vínculos internacionales para responder conjuntamente a la pandemia.

El Coronavirus es un punto de inflexión para que China adelante en sus objetivos estratégicos.  Ya Martin Rees, Astrónomo Inglés había indicado que en la primera mitad del siglo XXI habría alta probabilidad del acaecimiento de un riesgo biológico o de bioterrorismo, con consecuencias fatales para la población mundial.  Ignoramos si la pandemia fue deliberada, accidental o natural.  Las dudas sobre su origen y evolución están pendientes de resolver, pero es el disparador para el agravamiento de la confrontación entre las grandes culturas y poderes.

El precio en vidas humanas y en el crecimiento económico es y será catastrófico.  La recesión mundial se calcula en cuando menos dos años, a no ser que renazca con fuerza la cooperación internacional.  Son evidentes la disrupción y caída del comercio internacional y de la inversión recíproca entre Estados.  Genera dilemas entre la salud y la pobreza y entre la autocracia y las libertades individuales.  Resurge el nacionalismo bajo el lema de sálvese quien pueda, evidente ahora en temas de seguridad alimentaria.

Por ser Guatemala un país en vías de desarrollo, son graves e importantes las consecuencias sobre sus finanzas, sistemas sanitarios y economía abierta al exterior.  Será una prueba dura: nos enfrentará dramáticamente con nuestra realidad, nuestra pobreza y falta de educación; nuestra división y polarización; la debilidad de nuestro Estado de Derecho e Instituciones. Estas falencias se harán evidentes y harán difícil la unidad nacional ante la crisis.  Hasta la fecha hemos sorteado el problema mejor que los hermanos latinoamericanos, pero el partido recién empieza... 

Se necesitan urgentemente nuevas estrategias de crecimiento económico y empleo, de salud, de educación, de la protección de nuestros recursos naturales y ambientales; y  construir una  nueva infraestructura que facilite el comercio.  La integración centroamericana y con República Dominicana es prioritaria. Nuestra suerte económica está vinculada con la de Estados Unidos y la de nuestros mejores amigos y aliados. Deben implementarse a la mayor brevedad políticas adecuadas para potenciar los beneficios de esas relaciones internacionales. Adelantémonos a los problemas, seamos el ejemplo latinoamericano que empieza a mencionar la prensa internacional.  Manejemos nuestros recursos con probidad y eficiencia.  Seamos severos con los corruptos. 

Bajo opresión autocrática no son posibles la libertad y la felicidad.  Prefiero claramente, aún con sus debilidades y problemas, los valores y forma de vida occidentales. Es necesario un liderazgo internacional que lamentablemente no aparece en el horizonte.  Estados Unidos ha vuelto al aislamiento progresivo  en su tradicional movimiento pendular en relaciones exteriores, abandonando los foros internacionales, en su mayoría convertidos en burocracias ineficientes y corruptas.  

Es imperativo crítico, que Estados Unidos vuelva a tomar el liderazgo y revitalice la cooperación y alianza con sus aliados tradicionales, especialmente con la maltrecha Alianza del Atlántico del Norte y con sus amigos en Asia, especialmente Japón.  En América Latina, tradicionalmente olvidada en el gran juego de poder, debe generarse un programa de agresivo desarrollo económico y bienestar social.

Estados Unidos se encuentra lamentablemente en un proceso electoral que distorsiona sus intereses internacionales. Sin embargo, como en otras ocasiones, especialmente como lo hicieron en la Segunda Gran Guerra, están llamados a encender la grandeza de los ideales universales occidentales que forjaron su nacimiento y junto con sus aliados, proteger la vida, la libertad y los principios de las democracias liberales, generando prosperidad global que arrastre a los indecisos a buscar nuevos y mejores horizontes para la Humanidad.

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